Rosalie Blum, de Julien Rappeneau

QUIÉN SIGUE A QUIÉN.

“Sácame de aquí, que me estoy muriendo.
Toca una canción con la que pueda liberarme.
Nadie las compone ya como se hacían antes.
Puede que sea entonces cosa mía.
Aquí sólo, tras unas cuantas horas.
Aquí sólo, en el autobús.
Piensa en ello.
Podrías tener éxito, o ser como nosotros.
Con nuestras sonrisas ganadoras.
Con nuestras melodías y letras pegadizas.
Somos fotogénicos, ¿sabes?
No tenemos otra opción”

Había una vez en una ciudad de provincias un treintañero llamado Vincent Machot. Su vida era rutinaria y programada, en la que siempre, siempre ocurría lo mismo, como siguiendo un guión establecido. Se levantaba y se iba a trabajar de peluquero en el negocio familiar heredado hasta las 5 de la tarde, cerraba el negocio, compraba un poco y volvía a su piso a mirar la tele junto a su gato, aparte de sentirse atrapado por una madre dominanta que vivía en el piso de abajo, y salir, alguna vez, más tarde que pronto, con el ligón de su primo. Pero, un día todo cambiará, de casualidad, mientras compra en un mercado, observa a alguien, cree reconocerla, pero no sabe de qué, y comienza a seguirla. La sigue a todas partes, en su trabajo, por la calle, en un pub donde escuchan música en directo.

El arranque de la primer película de Julien Rappeneau, prolífico guionista para películas importantes de Régis Wargnier, Christophe Barratier o de su padre, Jean-Paul Rappeneau, para el que escribió Bon Voyage y Grandes familias, parece una descripción de la vida mundana y tranquila de la vida de la provincia francesa, eso sí, sólo en un primer instante, para en un momento dado, adentrarse en el terreno del misterio o suspense, más propio del género detectivesco, en el que Vincent sigue a Rosalie Blum, una mujer entrados los 50 que se debate entre regentar su frutería, algunas copas por la noche mientras escucha música en un pub, y llevar una vida completamente aislada, muy alejada de la familia. Aunque la película, de guión muy elaborado, con abundantes giros que van cambiando la perspectiva de la trama y encauzando a los personajes a derivas emocionales, introduce un tercer personaje, a Aude, la sobrina de Rosalie, una nini en toda regla, una joven perdida y desilusionada a la que la acompañan dos amigas, una pizpireta y la otra rarita. Rosalie encarga a Aude que siga a Vincent, ese chico que la sigue sin saber por qué.

Rappeneau que ha encontrado su inspiración en la aclamada novela gráfica homónima de Camile Jourdy, nos conduce por esta comedia romántica, muy alejada de los convencionalismos del cine de Hollywood, aquí, todo es una sorpresa, desconocemos por completo el destino de unos personajes solitarios, con pocas o ninguna perspectiva de futuro, en el que en cierta manera, viven atrapados por sus familias, Vincent tiene una madre posesiva que lo maneja y se muestra incapaz de romper con ella, Rosalie vive alejada de su familia y pronto descubriremos el motivo, y Aude, a la que no vemos a su familia, encuentra en su tía una forma de encontrar un espacio en el que se sienta que pertenece a algo o a alguien. Rappeneau se erige como un gran observador de la vida provinciana, y sobre todo, de un magnífico retrato de personajes, unos seres bien definidos que aunque lo desconocen, encuentran en esta suerte de misterio, comedia romántica y social, su anclaje emocional con una vida que parece haberles pasado por encima, y ellos, han aceptado indolentes un destino frustrante y vacío.

La película recuerda al cine de Truffaut, a las fábulas sensibles y maravillosas protagonizadas por su personaje fetiche Antoine Doinel, en sus años mozos, como Besos robados, Domicilio conyugal o El amor en fuga, donde el joven torpe en el amor y en los diferentes azares de la vida, se pierde en su intento de buscar su lugar en el mundo y se mueve sin saber muy bien hacia dónde va ni que es lo que realmente busca. Vincent, Rosalie y Aude, estupendamente bien interpretados por los Kyan Khojandi, Noémie Lvovsky y alice Isaaz, respectivamente, se buscan sin conocerse, como si sus vidas les diese una oportunidad de despertar y hacerse con sus riendas antes de que sea demasiado tarde, porque ellos mismos no son muy conscientes de lo que acaban de encontrar o mejor dicho, con quién se acaban de tropezar, como bien define la canción de Belle & Sebastian, Get me away from here I am dying, que en cierto momento escuchamos en la película, algo así como una llamarada de aliento antes de que me extinga.

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Un pensamiento en “Rosalie Blum, de Julien Rappeneau

  1. ¡Ei, Jose! En tu texto mencionas a Truffaut. Y tiene gracia, porque ¿sabes quién es la chica que canta en el pub la canción de Belle & Sebastian? Pues es Luna Picoli-Truffaut, la nieta del director de “Les quatre cents coups”. Ya ves: coincidencias que tiene la vida (y el cine). ¡Saludos cinéfilos!

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