Ghost in the shell, de Rupert Sanders

SUEÑAN LOS ANDROIDES.

En 1989 apareció el manga Ghost in the shell, de Masamune Shirow, que pronto se convirtió en un fenómeno de público. Seis años después, se produjo la película basada en el manga, dirigida por Mamoru Oshii, auténtica obra de arte del género de la animación, siguiendo la estela de Akira (1988), de Katsuhiro Otomo, su potencia visual, acompañada de una exquisita banda sonora, que devenía en una compleja estructura narrativa en la que se profundizaba sobre la contaminación tecnológica, la sobreexplotación de la información y el ciberterrorismo, catapultando al estrellato la película convirtiéndola en un icono del llamado “cyberpunk”. Le siguió una secuela e incluso una serie, y otras sagas como Matrix, que le deben muchísimo. Más de dos décadas después, la maquinaria hollywoodiense se ha puesto manos a la obra para adaptar el manga a imagen real, en el camino se cayeron varios proyectos que nunca llegaron a ver la luz. El director elegido es Rupert Sanders (Westmister, Reino Unido, 1971) de amplia trayectoria en el mundo publicitario y director de Blancanieves y la leyenda del cazador (2012) una adaptación oscura del clásico, con multitud de efectos, estética visual y muchísima acción.

Ghost in the shell  nos sitúa en un futuro distópico, en el que las grandes corporaciones acaparan un mercado mundial dominado por las últimas tecnologías, la información tiene un valor incalculable, y tanto como los gobiernos como los delincuentes trafican con ella, a través de hackear cuentas y vender esa información. La película se centra en la Sección 9, una división antiterrorista compuesta de soldados de élite que luchan encarnizadamente con las mafias del robo de información. Su mejor arma es “La Mayor” (mitad humana, mitad robot) una cyborg perfecta, una fembot diseñada y construida para matar, y el resto de su equipo, todos ellos con alguna parte de su cuerpo robotizado. El conflicto que se plantea es el siguiente: un cyborg está hackeando cuentas y eliminando a todos aquellos que pertenecen a la Kanka Corporation (empresa que construye los cyborg). Sanders construye una primera mitad interesante, donde, a través de las señas de identidad inspiradas del manga japonés, como la fantástica estética visual, una atmósfera inquietante y muy oscura, y además, una intriga que atrapa y logra atraparnos en la madeja argumental.

En la segunda mitad, ya es otra cosa, la acción se apodera del espectáculo, pero no consigue levantarnos del asiento, se deja atrás la parte más importante de la trama, la reflexión política y el uso desmedido de la tecnología en pro del avance económico, dejando atrás colmenas de gentes que viven aislados o simplemente no existen, en la parte filosófica la película se pierde y no consigue emocionarnos. Un thriller que arranca con fuerza, pero a medida que avanza, va cayendo en lo convencional, hasta la parte final, donde se destapa el pastel, que ya se bien intuyendo, dicho sea de paso, y asistimos al duelo final. Una cinta a la que le influyen demasiado sus referencias, como la novela de ciencia ficción de los 50 y 60, como Yo robot o Fundación, ambas de Asimov, Dune, de Frank Herbert, o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, hitos de la literatura robótica que algunas de ellas fueron adaptadas consiguiendo grandes títulos como Blade Runner, clave en el género que con el tiempo se ha convertido en auténtica piedra angular sobre cómo la tecnología afecta a nuestras vidas, y la idea de un futuro decadente, vacío y deshumanizado, dentro de una estética visual asombrosa, una estructura apabullante y una poética magnífica.

Ghost in the shell es una película oscura y entretenida, muy lejos de su antecesora, que si bien mantenía una estructura compleja (muy propia de la animación japonesa) conseguía una película enérgica, que apabullaba a través de sus imágenes y su tremenda análisis sobre una sociedad perdida y narcotizada de tecnología. Un reparto de altura que manejan con brío y corrección sus personajes, encabezados por Scarlett Johanson (muy criticada su elección), Juliette Binoche como la Doctora creadora de la fembot, Michael Pitt en un rol siniestro y fantasmal, del reverso del hijo prodigo, y “Beat” Takeshi Kitano, con alguna secuencia que recuerda a sus magníficos thrillers, componen un reparto heterogéneo, como suelen ser las grandes superproducciones made in Hollywood. Una película que se deja ver, con escenas de acción, persecuciones, intriga de manual, y algo de reflexión filosófica sobre quiénes somos y sobre todo, hacía donde vamos y de dónde venimos.

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