Juego de asesinos, de Joe Carnahan

COMISARÍA DE GUN CREEK. INTERIOR. NOCHE.

“No es valiente aquel que no tiene miedo sino el que sabe conquistarlo”

Nelson Mandela

Todo el cine policíaco estadounidense producido en la década de los setenta no solo cimentó las estructuras de un cine popular, bien realizado y sobre todo, un cine que ha trascendido en el tiempo, convirtiéndose en todo un referente para las autores actuales. Los Gordon Parks, Don Siegel, William Friedkin, Sidney Lumet, Sam Pekinpah, Walter Hill, etc… y sus estupendos thrillers se han erigido como clásicos imperecederos que siguen tan vigentes como el año en que se filmaron. Juego de asesinos (“Copshop”, en el original), es de esas películas de ahora, pero con el aroma de aquellas, y no solo en su estructura, que nos remite a cintas como Pelham 1, 2, 3 (1974), de Joseph Argent, Tarde de perros (1975), de Sidney Lumet, Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976), de John Carpenter e incluso al clásico western de Río abajo (1959), de Howard Hawks. Todos ellos títulos donde una comisaría o un lugar cerrado tienen como epicentro el desarrollo de la trama.

Un guion escrito por Kurt McLeod y el propio director Joe Carnahan (Sacramento, California, 1969), especializado en el thriller, con títulos como su debut en Sangre, balas y gasolina (1998), al que le han seguido otras obras con Ray Liotta en el reparto como Narc (2002), un par protagonizadas por Liam Neeson como el remake cinematográfico de El equipo A (2010), e Infierno blanco (2011), y alguna que otra incursión en el medio televisivo en series tan exitosas como The Blacklist (2013), entre otras. El encargo le viene de la mano del actor Gerard Butler y su socio Alan Seigel, para construir una película ambientada en una sola localización, en una comisaría de un pequeño pueblo perdido en mitad del desierto de Nevada, y que todo ocurra en una sola noche, tan explosiva y frenética. Todo arranca con la detención de Teddy Murretto, un estafador al que la mafia le pisa los talones por haberles robado una cantidad ingente de dinero. Su plan es acabar detenido y así huir, pero he aquí la cosa, en la comisaría se tropieza con Bob Viddick, un asesino a sueldo que lo persigue, para más inri, aparece en el lugar otro asesino, más despiadado y cruel, con la misma intención que el otro, enviados por otros que también estafó. Pero la cosa aún se complica más cuando una joven policía Valerie Young, aficionada a las armas clásicas, se interpone en el camino de todos ellos, y se atrinchera para impedir que todos se salgan con la suya.

Carnahan consigue una película muy entretenida, en la que hay pocos momentos de distensión, y si mucho disparo, donde no hay tregua, en que la comisaria se convierte en un campo de batalla donde no hay paz ninguna, donde la tensión va in crescendo, donde solo puede quedar uno o ninguno. La película tiene sus momentos distendidos con algún que otro chiste y gag, y sobre todo, en sus retratos de los personajes, que lo hace desde la desmitificación y la ridiculización de ciertos estereotipos que han invadido las salas en ese cine comercial tan pensado y materializado, que no deja espacio para la imaginación y mucho menos para la complejidad tanto de las tramas como de los individuos. Uno de los aspectos que más destaca la película es su incansable y entusiasta trío protagonista, encabezado por el mencionado Gerard Butler que, además de productor, se reserva el rol de Bob Viddick, un tipo cansado y lleno de cicatrices, uno de esos pistoleros llenos de polvo, tristeza y amargura, que todavía conserva algo de esperanza, y un par de fajos por los que matar a alguien, en una composición en las antípodas del rey Leónidas de Esparta de 300 que le dio fama mundial.

Acompañan a Butler, un estafador de tres al cuarto como el citado Teddy Murretto, un tipo listillo que cree que se saldrá con la suya engañando al hampa, en la piel de Frank Grillo que como Butler, hace funciones de productor con su socio que no es otro que el propio director, con el que ha trabajado en Muere otras vez (2021), intentando salvar el pellejo en una empresa que se ha vuelto titánica. También, tenemos al otro a sueldo de la función, un psicópata como indica el personaje de Butler en la diferencia entre asesino y psicópata, interpretado por Toby Huss, con ese aire aparente de debilucho remilgado pero todo fachada, porque como demostrará en la película no le temblará el pulso para pasear el gatillo y llenar de sangría la comisaría. Por último, la interpretación de Valerie Young, que interpreta a Alexis Louder, que se erige como el alma de la función y el macguffin por el que gira todo el entramado que se desata en la comisaría. La joven policía que el destino pondrá frente a este grupito de maleantes y asesinos despiadados, erigiéndose la auténtica heroína de la película, en un rol destinado a los hombres, aquí cambiando el estereotipo y llevándolo a un lugar muy interesante y profundo. Debemos aplaudir la hazaña de Carnahan que sin olvidarse del policíaco estadounidense setentero, revisa con criterio los clásicos y además, nos ofrece un entretenimiento con todas sus dosis de tensión, asesinatos e incertidumbre, con una interesante mezcla de western crepuscular y noir febril. Disfrútenla porque es una delicia, eso sí, no se la tomen muy en serio, por favor. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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