Language Lessons, de Natalie Morales

LAS FORMAS DEL AMOR.

“El amor genuino y verdadero es tan raro que cuando se encuentra en cualquier forma, es una cosa maravillosa, que es totalmente apreciado en cualquiera de sus formas”

Gwendoline Christie

La aparición del Covid nos llevó a toda la humanidad a una situación completamente inesperada. La pandemia mundial nos confinó en las cuatro paredes de nuestros hogares, obligándonos a vivir en esa situación. Los ordenadores personales se convirtieron en una herramienta indispensable para comunicarnos con el exterior y sobre todo, con las personas que no estaban confinados con nosotros. El Zoom, destinado para reuniones, se impuso como única vía con los “otros”. Host, de Rob Savage, surgida el año pasado,  usó de forma inteligente este tipo de llamadas para crear una tensión terrorífica, apoyada en un excelente trabajo de sonido y fuera de campo. A partir del Zoom, la película Language Lessons, vuelve a contarnos un relato a partir de dos personajes, dos individuos separados por miles de kilómetros. Él, Adam, en Oakland, California, Estados Unidos, y ella, Cariño, en Costa Rica. Will, el marido de Adam, le regala 100 clases online de español al susodicho. Lo que empieza como una imposición, pronto se tornará como una relación intensa entre los dos, que irá mucho más allá de una relación de alumno y profesora.

Mark Duplass (New Orleans, Louisiana, 1976), es productor, director y actor, al que conocemos pro la exitosa serie Room 104, en la que conoció a Natalie Morales (Kendall, Florida, 1985), que dirigió dos episodios. Language Lessons nace de la imaginación de Duplass que coescribe el guion con Morales, amén de productores y dirección de ella. El relato pivota entre la comedia agridulce y algo oscura, hay momentos de humor irónico, pero también otros, mucho más incómodos. Adam y Cariño, que en principio no parecen tener nada en común, entablarán una amistad que nacerá a partir de unas clases nada convencionales, porque se basan en conversaciones distendidas y amenas sobre la vida, el entorno, nuestros sentimientos y demás emociones. Además, todo cambiará cuando Will, el marido de Adam, muere trágicamente. A partir de ese instante, las clases se tornarán una especie de terapia en las que tanto Adam como Cariño se irán abriendo y explicando intimidades y zonas oscuras al otro.

La tragedia para muchos que ha supuesto la pandemia, para la gran mayoría ha significado una forma de conocimiento personal, de mirarse hacia dentro, de detenerse y verse de otra forma, porque entre otras, había mucho tiempo para pensar, verse y sentirse, y luego, nuestra relación con el otro, como nos relacionamos y lo queremos. Solo dos personajes interactuando a través de las cámaras de sus ordenadores, o enviando mensajes de voz, nos va llevando a olvidarnos del exterior y centrarnos en ellos dos, en su química y en sus conversaciones íntimas y extremadamente personales. Somos testigos del nacimiento de una amistad que va más allá del romanticismo, un amor platónico, una amistad de dos seres que se dan cuenta que se necesitan, ya sea para escucharse, para entenderse, para no sentirse tan solos, y para pasar los malos tragos de la vida de otra forma, compartiendo y reconociéndose en el otro, admitiendo que se necesitan, que se quieren y están el uno para el otro, cosas muy difíciles que ocurran y cuando suceden, somos incapaces de admitirlas, que tenemos también esas necesidades del otro.

El encanto y la armonía que desprenden los dos intérpretes es crucial en la película, tanto Mard Duplass como Natalie Morales, se convierten en dos seres fascinantes y oscuros, dos seres que, a pesar de la distancia, se encuentran muy cerca, o no, porque la relación tendrá muchos altibajos, nada es fácil, y menos cuando se tratan de relaciones. Porque a estas dos personas no se comunican solo a través de pantallas y mensajes de voz, dialogan con algo muchísimo más importante, hablan de ellos, y lo hacen de verdad, sin esconderse, sin ocultarse al otro, sintiendo que hay muchas formas de mirar las cosas y sobre todo, al otro, porque en el diálogo que establecen miran hacia el interior del otro, hacia aquello que pocas veces mostramos, aquello que nos empeñamos en mantener oculto, aunque en algunas veces, raras veces, nos encontramos con alguien con el que nos sentimos tan bien con el que podemos hablar de lo que se ay como sea, de todas esas intimidades que ocultamos al resto, pero no se sabe porque, con esa persona no lo hacemos, porque nos sentimos tan cerca que podamos tocarla, sentirla y abrazarla, sea como sea y en la situación que sea, como demuestra esta sólida, honesta, sencilla y magnífica película sobre lo que somos y como nos relacionamos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

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