Gabrielle, de Louise Archambault

gab1La Joie de vivre (La alegría de vivir)

 Gabrielle tiene 22 años y vive en un centro para personas con discapacidad intelectual, porque padece el Síndrome de Williams.  Su cotidianidad gira en torno a las clases que recibe, las excursiones que realiza junto a sus compañeros, y los ensayos en el coro de Las musas del centro, donde manifiesta un talento excepcional para el canto. Algunos días los pasa junto a Sophie, su hermana mayor -en conflicto emocional porque se debate entre estar con su pareja en la India de cooperantes o el cuidado de su hermana discapacitada-, que la tutela debido a la ausencia de la madre, que está demasiada ocupada con su profesión y su novio. Su vida toma un giro inesperado cuando se enamora de Martin, uno de sus compañeros con los que comparte confidencias y risas. Pero la relación de los dos jóvenes choca frontalmente contra la oposición materna. Por un lado, la madre de Martin, lo sobreprotege y anula cualquier síntoma de desarrollo emocional de su hijo. Por el otro, Sophie, apoya a Gabrielle a nivel personal y emocional, y se manifiesta a favor de la relación. Louise Archambault, de origen canadiense, nos plantea en su segunda película, hablada en francés, un relato sobre la aceptación de la diferencia, el derecho a ser felices a pesar de  ser “diferentes”. Un relato emotivo y tierno donde emerge la figura de Gabrielle – maravillosa la composición de la joven Gabrielle Marion-Poulin, que padece la misma enfermedad que el personaje- un personaje que nos contagia con sus ganas de vivir, y combate con uñas y dientes por ser aceptada como una más, una joven que luchará a pesar de sus limitaciones para demostrarse a sí misma y a los demás, su capacidad para vivir su vida y disfrutar de su amor con Martin. Filmada de manera naturalista, apoyándose en un estilo directo, cercano y sencillo, la cámara de Archambault no juzga en ningún momento, se reserva el personaje de observadora/cronista del relato. Gabrielle es la figura omnipresente en el transcurso del conflicto, conocemos la historia bajo su punto de vista, reímos y disfrutamos con ella, pero también, nos angustiamos y emocionamos, cuando no sale airosa ante los embates de la vida que se cruzan por su camino. Gabrielle es una soñadora, una persona con grandes dosis de entusiasmo, que a veces se siente incomprendida y sola, y en otras,  se comería su mundo, que es a la vez muy frágil y de una contundencia aleccionadora. Su manera de enfrentarse a sus problemas es contagiosa, de una pureza inocente y fuerte. Destacar la interpretación de Alexandre Landry (Martin), que consiguió el premio al mejor actor en el Festival de Gijón. La cinta premio del Público en Locarno, es un maravilloso cuento contemporáneo fabricado desde la  intimidad y la sensibilidad, que huye de  apuntes condescendientes, mirándonos de frente y apropiándose de nuestra mirada ante esta fábula contemporánea sobre la felicidad, la diferencia y el sentido de la vida, a patalear ante las injusticias y luchar por seguir siendo lo que queremos ser.

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