Binti, de Frederike Migom

MIRARSE EN EL OTRO.

“Si dejáramos de mostrarnos autosuficientes y nos atreviéramos a reconocer la gran necesidad del otro que tenemos para seguir viviendo, como muertos de sed que somos en verdad, ¡cuánto mal podría ser evitado!”

Ernesto Sábato

Binti tiene 12 años, y sueña con ser famosa a través de su canal de youtube. Binti vive en Bélgica, junto a su padre Jovial, ocultos de la policía en una casa ocupada, porque ellos son del Congo y están sin papeles. Durante una redada policial, Binti y su padre, huyen y se ocultan en un bosque. Allí, conocen a Elias, en su cabaña, que también es sede del club salvar a los okapis. Todos acaban en casa de Elias, que comparte junto a su madre, Christine, una divorciada que se dedica a diseñar moda infantil. Así, empieza una película que nos habla de temas como la diversidad y la diferencia, de la necesidad del otro, y sobre todo, de los sueños imposibles de un par de niños que desean romper las barreras, y hacer aquello que desean. Binti, aunque no existe, legalmente hablando, tienen mil seguidores en su canal, donde explica su vida en forma de diario audiovisual. Elias, que todavía sufre la separación de sus padres, quiere ayudar a que los okapis no se extingan. Dos sueños difíciles, pero no imposibles. Dos miradas que entenderán que deben ayudarse el uno al otro para llevar a cabo tales sueños.

Frederike Migom (Amberes, Bélgica, 1985), estuvo estudiando y trabajando como actriz en Nueva York, para luego trasladarse a Paris para hacer cinematografía. Su incipiente carrera la conforman un puñado de cortometrajes y Binti, con la que debuta en el largometraje, en la que nos muestra una realidad social, a través de un drama cotidiano entre dos niños y sus respectivos padres, personas que, a priori, parecen demasiado diferentes, pero, el tiempo, y sus circunstancias, demostrarán lo contrario, y los acercará más de lo que ellos preveían en un primer momento. La directora belga viste este drama social, con mucha ligereza y cotidianidad, imprimiendo a los conflictos sociales de alegría, buen humor y diversión, mirando las situaciones con la suficiente distancia, huyendo del dramatismo y ejerciendo una labor más humanista y sensible, sumergiéndonos en una realidad demasiado cercana, pero entrando en la parte doméstica, aquella que no vemos, para así retratar con más honestidad y sinceridad, todo aquello que ocurre de puertas para adentro.

Migom habla de temas de primera línea, la inmigración, sentirse invisible, y a la vez, perseguido, las relaciones de las diferentes culturas, todo aquello que nos separa y sobre todo, lo que nos une, y finalmente, los sueños de dos niños, dos almas que no entienden de piel y diferencia, sino de todo aquello que necesitan del otro, también, la película nos habla de la necesidad que tenemos del otro, de dejar todo aquello que nos separa, para encontrarnos y reencontrarnos en el otro, en todo aquello que nos une y podemos compartir. Una película libre y humanista, de relaciones humanas, de apoyarse y compartir con los demás, de dejarse llevar, de mirarnos los unos a los otros, y sentirnos que podemos cooperar, ayudarnos y caminar en la misma dirección. Un retrato sobre esa Europa que se define multicultural y diversa, pero en cambio, no cesa de poner obstáculos a aquellos que quieren entrar y convertirse en europeos. Migom habla de todas aquellas personas que se necesitan y se ayudan, de todo aquello que podemos aprender y conocer del desconocido, rompiendo esas barreras que tanto se imponen, dejar abrirse al otro y abrazarnos, conocernos y mirar juntos.

Los noventa minutos de la película pasan volando, centrándose en la preparación y celebración de una fiesta con el propósito de recaudar fondos para ayudar a los okapis, originarios del mismo lugar que Binti y su padre, creando esa relación espejo entre las dificultades sociales de los congoleños, y de los animales, los dos perseguidos y en vías de extinción, en el marco de un drama social con niños, que huye del convencionalismo y el buenrollismo de producciones del estilo, retratando con verdad y cercanía, los problemas de unos y otros. Un reparto auténtico que transmite veracidad y una intensa naturalidad encabezada por la sorprendente Bebel Tshiani Baloji como Binti, bien acomapañda por Mo Bakker como Elias, y los adultos Joke Devynck y Baloji, como lso respectivos padres.  Migom celebra la vida, la diversidad, la multiculturalidad y también, y lo más importante, la diferencia y al otro, pero de forma libre y humana, sin barreras ni anda que se le parezca, abriéndose a conocer, a experimentar y sentir, movidos como seres humanos de esa necesidad de mirarse en el otro, reconocerse y sobre todo, compartir, abriendo los puentes necesarios para acercarse y confraternizar, porque de esa manera, todos nos daremos cuenta que el otro se parece más a nosotros de lo que imaginamos, y se convierte en un espejo al que mirarnos y comprendernos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA